Esta semana tuve la suerte de recibir una visita muy muy esperada!!! Apenas llevaba un mes en Rumanía cuando me viniste a ver y me trajiste toda la alegría que necesitaba para empezar aquí.
Visitamos Bucarest todo lo que se pudo y además nos dio tiempo para hacernos una escapadita en tren.
El viernes 5 partimos de Gara du Nord hacia Sighisoara. La experiencia tren sin duda fue pintoresca, muy diferente a lo que acostumbramos en España. No se si porque era el Interegio o qué, que va parando en todos los pueblos; el caso es que vimos perros, pájaros, niños en bici y gallinas más rápidos que nosotros. Así que me quedé con unas ganas inmensas de probar el "hitch hiking" y preguntándome qué habría hecho en una vida anterior para merecer semejante viaje; y sea dicho de paso que me encanta o (me encantaba) viajar en tren porque me parece que te permite disfrutar del paisaje de maravilla.
El entorno definía sin errores lo que es una Rumanía en estado puro, una mezcla de caras sucias pero también sonrientes irrumpían cada dos por tres en los pasillos. Corrales con barro; campo y basura; explanadas sin cultivar, áridas. La combinación que te atrae y te repele, haciendo que no puedas quitar los ojos de ahí.
Nuestro alojamiento, la pensión Chic estaba justo enfrente de la estación, por lo que dejamos las maletas y al cabo de poco tiempo nos encontramos perdiéndonos por las calles de esta ciudad medieval. Declarada Patrimonio de la Humanidad, fundada casi en el siglo XIII a instancias de soberanos húngaros que impulsaron a mercaderes alemanes a sitiarla para impedir el avance de los pobladores de las estepas desde los montes Cárpatos. A mediados de este siglo, los tártatos la invadieron. En 1280 se la empieza a conocer como Castrum Sex y su fortificación se desarrolla. En el siglo XIV recibe el título de "Civitas" y se convierte en la segunda entidad política de Transilvania.
Comenzamos desde la parte del río Tirvana a la zona alta.
Tomamos alguna que otra panorámica de la preciosa ciudad de noche y cenamos en el rte. Rustic cerca de una de las calles principales; si queréis comida típica y a un precio de lo más asequible, se recomienda. Además por la zona había una terraza bien hermosa para tomar algo en las noches de verano.
Al día siguiente seguimos con la ruta, visitamos las torres defensivas de las que cada gremio era responsable, pero no recuerdo muy bien los nombres de cada una :))
También la Iglesia de San Nicolás, a la que se llega por una larguíííísimas escaleras de madera, cubiertas, que se construyeron para que se pudiera ir a la escuela en invierno. Desde aquí las vistas y la tranquilidad eran geniales.
Dijimos adiós a este lugar como de cuento y nos dimos un banquete en la pizzería 4 amici, que seguro que no está en las guías, pero vamos, quedamos sorprendidos por el precio a pesar de ser un lugar muy turístico y de que la comida estaba riquísima.
Cogimos el tren rumbo Brasov, que es siempre una ciudad muy amable y fácil de recorrer: la plaza principal, y subida hasta las torres (blanca, negra...) A pesar de que ya la he visitado varias veces, el camino siempre te salpica con la realidad que viven quienes se aglutinan a uno y otro lado de las vías del tren.
¡VOLVERÉ SEGURO!
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