Nos tiramos el año esperando que llegue el verano. Y esto es así. Día tras día nuestro despertador nos arranca de la cama y nos sentimos completamente indefensos en mitad del frío suelo de la cocina. ¿Y qué recibes a cambio? Pues vas a ganar 15 días en agosto. A partir de ese momento tienes que dedicar el tiempo enteramente a ti, y probablemente te hayas aburrido ya al día 8, ¿quieres saber porqué? pues porque no te conoces una mierda.
Mi meta reciente ha sido encontrar un trabajo con una cualificación equivalente a la que he adquirido tras terminar mis estudios con el fin de sentirme valorada como maestra.
Yo sé que son circunstancias especiales, y que voy a encontrar la manera de disfrutarlo, porque confío en mi.
Sin embargo, no puedo evitar preguntarme si sería una locura plantearnos tomar decisiones en base a un grado de felicidad. Me explico, cada vez que tenemos que decantarnos por algo nuestro cerebro da la señal de alarma. Entonces automáticamente la cabeza se nos abre en dos (como si fuera un melón), y entre las dos mitades arrojamos un montón de variables: veamos, esfuerzo previsto por salario por hora trabajada, más desplazamiento lugar de trabajo - casa, elevado a las posibilidades de ascender... total, un lío.
El otro día viendo el programa de reddes, se recomendaba hacer un entrenamiento previo para retomar la importancia de la intuición y consiste en que nos planteáramos preguntas sencillas de sí o no y visualizáramos las luces de un semáforo. Al cabo de contestar de manera no muy consciente a cuestiones tipo: ... me gustan las vacaciones en la playa ... luz verde si es verdad/luz roja si no te complacen, puedes hacerte planteamientos importantes y dejar que toda la experiencia que llevas acumulada hable por ti.
¿No deberíamos dejar a un lado el planteamiento de costos - beneficios y centrarnos un poco en lo que nos va a hacer sentir satisfechos? Si hay algo que me revienta son los típicos chascarrillos de: no entiendo qué le pasa: tiene un buen coche, tiene trabajo...¿de qué se queja?
¡Ni que la felicidad fuera matemáticas!
Con esto sólo quiero decir que merece la pena estar, pero con nosotros mismos. Conocer qué es lo primero para nosotros y hacer planes muy a corto plazo, que ya se encargará la vida de cambiarlos a su manera. Decir que no, y si estás viviendo algo que te hace sonreír continuar con ello aunque a alguna persona en su sano juicio le parezca una locura, porque sabes qué. Los estudios revelan que las personas en su sano juicio son las que se tiran desde el lunes esperando que llegue el fin de semana para ser felices.
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