martes, 16 de julio de 2013

De profesión, maestra

Debería escribir quizás sobre cómo la vida te sorprende y cuando menos te lo esperas te da una bofetada que te hace plantearte tu vocación, qué haces en el mundo y para qué has estado consumiendo tu tiempo y tus energías. Pero en lugar de eso, escribiré cosas bonitas.

Bien, hace 6 días que conocía la nota de mi oposición. Cuando estaba en la carrera, lo tenía todo pensado: me esforcé por ser lo que se consideraría una estudiante aplicada. Atendía cuando había que atender y empleaba el esfuerzo necesario con el que sabría que iba a tener resultados positivos, sin pensar más allá. Como meter todos los ingredientes en una bolsa, agitar, y voilá!

Cuando acabara la carrera quería estudiar psicopedagogía, (porque total ¿donde iba yo con mis 21 años?), y quería formarme más y no encasillarme en el primer trabajo que me saliera. Estaba convencida de que iba a ser una buena profesional. Cuando llegamos a junio, algunos compañeros se presentaron a las oposiciones; ese año salieron bastantes plazas y digamos que todos aquellos que terminaron más bien a trancas y barrancas se presentaron a probar suerte. Con la sorpresa de que la mayoría de ellos obtuvieron plaza. Así nos encontramos con algunos expedientes X que en más de una borrachera han salido a relucir.

Bueno chicos y ya sabéis cómo va esto, terminé y a medida que mi toma de conciencia de la realidad crecía, también caían mis expectativas. De manera que cuando me presenté hace 2 años a Madrid pensaba que era casi imposible aprobar; sin embargo, la vida te da sorpresas y pasé la primera criba. Me vi pinchada en el papelito del corcho, crucé la puerta del Instituto y apartando al remolino de gente ¡ME-VI-PINCHADA-EN-EL-TA-BLÓN! No os imagináis el subidón de adrenalina que produce eso, y lo digo así silabeando para que se me entienda bien. En la segunda prueba no pudo ser y eso a pesar de que salí hiper orgullosa de lo bien que me había salido.

La bolsa mágica ya no funcionaba, había puesto todos los ingredientes en ella y agitado con más ganas que nunca pero esta vez, simplemente
                                                                                          no.

En esa época he transcurrido danzando entre trabajos que me han llenado más o me han llenado menos. Y entendedme bien, que nadie piense que estamos hablando de la cartera, sino de realización personal; que se entiende ya de por sí como estímulo suficiente, ya que parece nOS queda mucho que aprender en cuanto a reconocer a las personas que emplean todo su talento a preparar clases porque, simple y llanamente, aman su trabajo.

Sí, ya sé que es difícil de entender poder amar el caos y el tira y afloja que supone en la mayoría de los casos, enseñar donde no se tiene ganas de aprender o poner parches a problemas que no vas a poder remendar. Pero los maestros (categoría en la que me incluyo porque  me apetece) somos de esta manera , porque creemos en las personas, a veces no sabemos qué ponernos y nos ponemos la sonrisa de casa, y vamos así, desentonando con el gris del Metro. Qué le vamos a hacer.

Y en vez de escribir cosas feas que ya todos sabéis, no tiramos la toalla sino que la cogemos y nos secamos el sudor con ella para tirar para adelante. Este que se suponía un post triste se convierte en algo alegre, porque, lo siento por todos los que nos quieren hacer creer que no valemos, pero no puedo evitar levantarme cada día y sentir que estoy exactamente donde quiero estar y que si esta puerta se me ha cerrado es porque el destino quiere enseñarme algo maravilloso, y me tiene algo "gordo" preparado.

De nunca, en las conversaciones, me he tomado la licencia de decir: "es que los profesores somos...", porque me parecía que aún no estaba en condiciones de afirmar serlo; pero ahora, en que me doy cuenta más que nunca de que la felicidad es una cuestión de actitud, voy a decir bien alto para que no se le olvide a nadie, que los maestros somos gente increíble.


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