Lo primero que deberían ofrecernos cuando empezamos una experiencia es la posibilidad de levantar una esquinita del plástico que la envuelve y poder echar una ojeada a lo que va a suceder. Como si fuera un yogur, levantar la tapa y decir: - anda, pues mira, no está tan mal -; o como si se tratara de una caja de esas de experiencias gourmet, de las que tanto me gusta regalar y recibir. La toma de decisiones, de esta manera sería mucho más fácil, si te gusta mucho lo que ves puedes abrir el paquete entero (e incluso pegarle un lametón a la tapa). Hasta el momento en que esta posibilidad esté inventada, cosa que creo firmemente que sucederá, me temo que los humanos estamos determinados a pasar por cada una de las estaciones que componen aquello que tememos enfrentar.
A lo largo de mi vida siempre he sentido interés o mejor dicho preocupación por tomar la decisión adecuada, por no equivocarme. Casi de manera compulsiva. A raíz de una serie de acontecimientos, principalmente, la imposibilidad de encontrar un puesto de trabajo acorde a mi verdadera vocación y estar pendiente de otros criterios para acariciar la posibilidad de alcanzarlo; creo que mi punto de vista ha tomado otra dirección.
Hace ya un mes casi exacto tomé la decisión de dejar mi país y emprender una nueva aventura, porque si hay algo que me gusta pensar que poseo es espíritu aventurero; ya ves tú... En este punto he sido totalmente consciente de lo que renunciaba al irme, no vivir momentos con mi familia, haberme perdido acontecimientos importantes en la vida de mis amigas, etc. También sabía que la persona que está a mi lado no iba a llevarlo del todo bien, días de luces y sombras que superaríamos juntos. Tal y como digo, deberíamos ser advertidos antes de tomar nuestro propio camino del rumbo que va a tomar nuestra vida a partir de entonces, debería haber una etiqueta muy muy grande con la foto de alguna situación feliz, y abajo en letras pequeñas que lea: "sugerencia de presentación". O sea la típica imagen que refleja algo absolutamente irresistible que luego no es ni mejor ni peor que la realidad, sino diametralmente opuesto a lo que una se esperaba del paquete a simple vista. Debería ser que cuando una reúna el valor suficiente como para tomar una determinación de cierto peso se vea recompensada solo con momentos positivos, comprensión. Pero nos dejaríamos de lado la esfera del crecimiento personal y la superación, la recompensa, el paraíso al final de las penalidades.
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